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DR. RICARDO A. GEROSA (1907-2001)

Nieto de italianos radicados en la Capital Federal, nació el 13 de febrero de 1907 en la casona de la calle Tucumán, donde actualmente se encuentran ubicadas las oficinas de la Editorial “El Derecho".

Cursó sus estudios primarios en la escuela de la Sociedad Italiana de la que era gerente su abuelo Bartolomé. Prosiguió sus estudios alternándolos con lecciones de música y piano, despertándose desde niño su afición a la lectura y a los libros ya que ahorraba el dinero del viaje en tranvía para adquirir sus obras preferidas. Sus lecturas juveniles fueron, como solía recordar con entusiasmo, las novelas de SALGARI, de las que conservaba algunos ejemplares.

Con el correr de los años sus inquietudes lo llevaron hacia el estudio del Derecho, por lo que se costeó la carrera universitaria dando lecciones de piano y tocando en orquestas que en aquel entonces solían interpretar turnándose en confiterías, clubes sociales, locales bailables, etc..

Aprovechaba los descansos entre dichas orquestas para estudiar. Al recibirse de procurador universitario en 1930 se integró al estudio del Dr. Carlos SAAVEDRA LAMAS y luego, al visitar a su tío Emilio GEROSA SCURI radicado en Esquel como maestro, decidió establecerse en dicha localidad, teniendo su primer bufete en las oficinas de la escribanía de Don Pedro PAGGI. Se casó con Emma Leticia DE BERNARDI con la que tuvo un solo hijo, Ricardo Luis GEROSA, quien heredó su vocación y amor por el Derecho y lo transmitió al mayor de sus nietos, Ricardo Tomás GEROSA LEWIS. Toda su vida Don Ricardo Angel GEROSA fue un gran lector, estudioso en materia de Derecho y Filosofía e idiomas (hablaba y escribía 5 lenguas), ávido de saber de todo. Al tal punto que había hecho suyo el lema de Giovanni PICO DELLA MIRANDOLA: “De todo y todas las cosas”.

Sus comentarios en materia de Filosofía del Derecho lo pusieron en contacto con varios juristas del país y extranjeros hasta el punto de aprovechar un viaje de placer a EE.UU. en el año 1947 para entrevistar a Hans KELSEN, con quien luego mantuvo una frondosa correspondencia. No descansó hasta doctorarse en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires (con su tesis “Concepto y clasificación de las nulidades”, calificada con “sobresaliente”), después de recibirse de abogado y cursar con el Dr. Raúl MUGABURU en La Plata haciendo un trabajo sobre las leyes inglesas de propiedades rurales “Rights of the Tenants”.

Respecto de su tesis de doctorado, el académico José Manuel SARAVIA expresó: “Se trata de un trabajo que exhibe un panorama jurídico de vastas proyecciones. Hay en él pensamiento coherente, pesquisa a través de los mejores manantiales, espíritu analítico, exposición y desarrollo metódico de las cuestiones, búsqueda ansiosa de las soluciones más adecuadas. Hay también seriedad y responsabilidad que deben asistir a quien escribe en derecho, obligando siempre a reflexión y verdad porque las teorías que enuncie pueden caer en la jungla donde se mueven pasiones, intereses y fuerzas en pugna y en acecho para invocar y utilizar lo que sirva al logro de sus fines reñidos con el derecho. Este trabajo es como un rayo de luz en medio de las sombras que nos rodean. Demuestra que hay todavía seres que sin perder contacto con la realidad, tanta veces aparencial y falsa, son capaces de pensamiento y de sosiego, de reflexión, de buscar el conocimiento teórico que debe preceder al obrar, de una silenciosa apertura del alma. Es reconfortante comprobarlo en época como ésta de tensiones y vértigos; de pesimistas en aumento, vaticinadores malsanos de empeoramientos y siniestros; épocas en que una porción de la juventud, bien diferente de la que ahora aplaudimos, parecería haber olvidado que, como depositaria de la posteridad, sólo la pulsación de la vida y no la de muerte debería ser su factor de empuje y que le correspondería, por tanto, completar y engrandecer, y no desunir ni retroceder” (Anales de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires”, Año XVII, número 13, pág. 304).

Dejó una enorme biblioteca de la que estaba sumamente orgulloso, compuesta de obras de todos temas y que tenía catalogadas. No solamente era amante de la lectura y los libros; gustaba de la música, la naturaleza. Conocía los pájaros por el vuelo, plantaba frutales y hacia jardines, se interesaba por la gente del lugar durante los viajes al interior en su auto.

Falleció a los 94 años con la satisfacción de ver que sus descendientes (hasta su bisnieta) han heredado su amor por la lectura y el respeto a los libros.-

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